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Quiero más de Chile: VIÑA DEL MAR

Hace unos días llegué de Chile. Fui a Viña del Mar, luego a Valparaíso y finalicé en Santiago.

Mi impresión de VIÑA DEL MAR fue buena, me gustó la dinámica de la ciudad. Fue la primera vez que usé Airbnb. Al principio la idea de visitar la casa de desconocidos me incomodaba pero tuve suerte porque la anfitriona hizo que me sintiera cómoda en cada momento.

Las calles del centro comercial de Viña son muy concurridas, ofrecen objetos artesanales como industriales. Hay una variada oferta de restaurantes, el que me atrajo más fue uno que estaba por la calle Valparaíso ambientado como en la década de los 50.  Quedé sorprendida por los precios de una de las tiendas con objetos chinos, eran muy baratos y no de mala calidad.

Cerca de la plaza Vergara llamó mi atención la gran cantidad de tiendas de Segunda Mano que hay con precios coherentes al producto. No tengo una buena experiencia aquí en mi país ya que muchas de las prendas son vendidas casi al precio de las tiendas de ropa nueva.

Cuando viajo me gusta probar la comida callejera típica del país así como la tradicional o rápida (diferente a la ofrecida por las cadenas multinacionales). Por eso, fui a probar "un completo", un pancho con pan vienés, pero con la diferencia de que estaba acompañado por varias salsas y vegetales, esa presentación no se estila en mi país ya que al franckfruter sólo le ponemos salsas y algunos optan por las papas fritas en tamaño miniatura y alargadas. Además, probamos las ensaladas de frutas que ofrecían los puestos callejeros, los cuales parecían ser higiénicos. Esta propuesta me gustó mucho ya que en Uruguay no tenemos la posibilidad de acceder a una colación saludable al alcance de la mano cuando estamos haciendo las compras en el centro.

La experiencia de ir a la playa fue totalmente diferente a todas las veces que he ido a una. ¿Por qué? Es muy difícil entrar al océano y mantenerse tranquilo disfrutando del agua ya que las olas se mueven con mucha fuerza y eso ha hecho que en la orilla haya una bajada que junto a la fuerza del movimiento del agua te "chupa" cuando regresa. La gran proporción de gente que iba a mojarse con el helado líquido se quedaba en la orilla parada, esperando ser tocada y refrescada por el agua.
Las playas estaban repletas de personas, literalmente a 20 centímetros a la redonda estabas rodeado de personas desconocidas, escuchando claramente sus conversaciones sin tener la intención de hacerlo.

En Viña pudimos utilizar el funicular. Este ascensor está muy cerca del centro, al comienzo de la calle Villanelo. Es muy económico su uso, alrededor de 250 pesos chilenos.

Algo que me molestó y a lo cual no estoy acostumbrada en mi país es que en lugares municipales o públicos te cobren el ingreso al baño. Si bien el precio por ingresar era bajo (0,5 usd) considero que un lugar que se dedica al turismo debería asegurarle al turista la mejor calidad de vida en la estadía y eso incluye la facilitación de los accesos a los baños públicos, no es la forma de recolectar dinero, eso genera rechazo.

Chile es hermoso, tiene una gran diversidad de paisajes y cultura por conocer, por ello considero que una semana en este país fue muy poco, por eso titulé a estas líneas como "Quiero más de Chile". ¡Espero volver!



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